Home / Romance / Ya no soy tu migajera / Un desmayo sin importancia

Share

Un desmayo sin importancia

last update publish date: 2026-07-21 20:23:02

Marco recorrió el pasillo con paso firme hasta detenerse frente al sanitario de mujeres. Miró el reloj por instinto y volvió a fruncir el ceño. Adelaide llevaba demasiado tiempo allí. Al principio golpeó suavemente la puerta.

—¿Adelaide?

Esperó unos segundos y no obtuvo respuesta. Volvió a llamar, esta vez con un poco más de fuerza.

—Adelaide... ¿estás ahí?

El silencio fue la única contestación. Una inquietud difícil de explicar comenzó a inquietarlo. Sin detenerse a pensar en el protocolo ni e
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Ya no soy tu migajera    Sofía y Lorenzo

    Al día siguiente, la vida de Marco y Adelaide parecía haber comenzado de nuevo, aunque ninguno de los dos había conseguido dejar completamente atrás lo ocurrido la noche anterior. En los viñedos, Marco se encontraba frente al tocador, vestido con uno de sus impecables trajes. Ajustó con cuidado los puños de la camisa y luego levantó la mirada hacia el espejo. Las ojeras marcadas bajo sus ojos delataban una noche prácticamente en vela. Había intentado descansar, pero los pensamientos sobre Adelaide habían ocupado cada espacio de su mente. Aun así, tomó su chaqueta y se preparó para volver a la rutina. En la cabaña, Adelaide también contemplaba su reflejo frente al espejo. Se acomodó el cabello y observó durante unos segundos a la mujer que tenía delante. Ya no veía a aquella esposa que había pasado tanto tiempo esperando una palabra de cariño o un gesto que le demostrara que era importante. Ahora podía reconocer a una mujer segura, independiente y capaz de construir una vida lejos de

  • Ya no soy tu migajera    En el silencio de los dos

    Aquella noche, Marco permanecía acostado en su cama, pero el sueño se negaba a llegar. Cambió de posición una y otra vez, acomodó la almohada, cerró los ojos y volvió a abrirlos pocos segundos después. La habitación estaba en silencio, pero dentro de su cabeza todo era un caos. Adelaide aparecía una y otra vez en sus pensamientos, con aquella expresión serena que había utilizado al hablarle, con la misma mirada que intentaba esconder todo lo que realmente sentía. Marco giró sobre el colchón y soltó un suspiro profundo.Lo que más le molestaba. Era la imagen que contempló desde su carro. Adelaide sonriendo junto a Sebastián. Apretó los labios y miró el techo, intentando apartar aquella escena de su mente, pero cuanto más lo intentaba, más nítida aparecía. Recordaba la tranquilidad con la que ella había aceptado que Sebastián la llevara a casa, algo que con él ya no hacía. Recordaba a ese hombre permaneciendo a su lado, hablándole con naturalidad, mientras Adelaide parecía sentirse cómo

  • Ya no soy tu migajera    La insistencia de Antonia

    Marco regresó a los viñedos con el rostro serio y una frustración que no conseguía disimular. El encuentro con Adelaide seguía dando vueltas en su cabeza, sobre todo la manera en que ella aceptó la ayuda de Sebastián después de rechazarlo a él, había visto toda la escena desde su vehiculo. No podía reprocharle nada; Adelaide tenía todo el derecho de continuar con su vida, pero verla alejarse junto a otro hombre despertaba una rabia en su interior que le costaba controlar. Entró en la casa, dejó las llaves sobre una mesa y se dirigió al salón, donde encontró a Antonia revisando algunos documentos. —¿Volviste a buscar a Adelaide? —preguntó al levantar la mirada de los papeles. Su expresión se volvió seria al observar el rostro de su hijo. Marco soltó el aire y se dejó caer en uno de los sillones. Apoyó los codos sobre las rodillas y se frotó el rostro con ambas manos. —Sí —admitió con evidente cansancio—. Fui a verla. Antonia dejó los documentos a un lado y se acomodó en su asiento

  • Ya no soy tu migajera    Los celos ocultos

    Sebastián permaneció junto a Adelaide unos segundos después de que Elena se marchara. La observó con atención y notó que, aunque intentaba mostrarse tranquila, todavía llevaba cierta tensión en el rostro.—¿Tienes cómo regresar a casa? —preguntó Sebastián mientras señalaba hacia la calle con un gesto discreto.Adelaide asintió en tanto acomodaba nuevamente el bolso sobre su hombro.—Sí, puedo tomar un taxi —respondió con una sonrisa.Sebastián negó suavemente con la cabeza.—Déjame llevarte —insistió mientras sacaba las llaves de su automóvil—. No me parece buena idea que regreses sola a estas horas.Adelaide lo miró durante unos segundos, un poco sorprendida por su amabilidad. —No quiero causarte molestias —respondió apenada.—No es ninguna molestia —aseguró Sebastián con una sonrisa tranquila.Adelaide sonrió y finalmente aceptó.—Está bien. Te acepto el aventón —respondió mientras caminaba junto a él.Durante el trayecto hablaron de cosas sencillas. Sebastián le preguntó cómo se s

  • Ya no soy tu migajera    Sebastián Moretti

    El desconocido era Sebastián Moretti, el mismo hombre que Adelaide había conocido en la firma de autógrafos. Él se acercó con paso tranquilo, pero antes de dirigirse a ella, sostuvo la mirada de Marco. Entre ambos se instaló un silencio incómodo. Marco lo observó con expresión seria, todavía afectado por la conversación que acababa de tener con Adelaide, mientras Sebastián mantuvo una actitud serena, aunque su mirada dejaba claro que no pensaba apartarse. —Te dijo que no —señaló Sebastián con firmeza mientras cruzaba los brazos sobre el pecho—. Creo que deberías respetar su decisión. Marco apretó ligeramente la mandíbula y sostuvo su mirada. —No recuerdo haberte pedido tu opinión —respondió mientras daba un paso hacia él, sin apartar los ojos de su rostro. Sebastián no retrocedió. Se limitó a mantener la calma y levantó ligeramente el mentón. —No me la pediste —contestó mientras mantenía los brazos cruzados—. Pero tampoco necesito que me la pidas cuando alguien deja claro que no

  • Ya no soy tu migajera     Detalles inesperados

    Adelaide regresó a su oficina después de la pausa del mediodía y se encontró sobre su escritorio un hermoso arreglo de tulipanes cuidadosamente acomodado en un elegante jarrón. Junto a las flores descansaba una pequeña tarjeta. La tomó con cierta curiosidad y leyó el mensaje. —Espero que esta nueva temporada de tu vida la empieces siendo profundamente feliz. Te deseo lo mejor. Marco. El gesto consiguió irritarla de inmediato. No entendía por qué Marco insistía en aparecer de maneras tan inesperadas cuando ella había dejado claro que quería seguir adelante. Sin pensarlo demasiado, tomó el arreglo y lo dejó caer dentro del cesto de basura. Después regresó a su escritorio, encendió el ordenador y continuó con su trabajo como si nada hubiera ocurrido. La tarde avanzó entre reuniones, documentos y correcciones, pero de vez en cuando sus pensamientos regresaban a los tulipanes. No quería admitirlo, pero aquel detalle la había conmovido más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Se ob

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status