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capitulo 10

last update publish date: 2021-04-21 04:41:05

Capítulo 10: Una tarde diferente

El miércoles comenzó como cualquier otro día.

Me desperté temprano, me arreglé y salí de casa.

Sin embargo, había algo diferente.

Desde que había hablado con Pablo el día anterior, sentía que nuestra relación había cambiado.

Ya no éramos simplemente dos compañeros que se ayudaban con las tareas.

Tampoco éramos solamente amigos.

Había algo más.

Algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.

Cuando llegué al instituto, Pablo estaba esperándome en la entrada.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

—Sí. ¿Tú?

—También.

Caminamos juntos hacia el salón.

Todo parecía normal hasta que, antes de entrar, Pablo se detuvo.

—Rosita.

—¿Qué?

—¿Tienes algo que hacer después de clases?

Lo miré.

—No.

—¿Quieres salir conmigo?

Sentí que el corazón me daba un salto.

—¿Salir?

—Sí.

—¿A dónde?

—Es una sorpresa.

Lo miré con desconfianza.

—Otra vez con las sorpresas.

—Esta vez prometo que será buena.

—¿Y por qué quieres salir conmigo?

Se encogió de hombros.

—Porque quiero pasar tiempo contigo.

No pude evitar sonreír.

—Está bien.

—¿En serio?

—Sí.

Su rostro se iluminó.

—Entonces te espero después de clases.

---

Las horas parecieron pasar lentamente.

Por primera vez en mucho tiempo estaba pendiente del reloj.

Quería saber a dónde me llevaría.

Pero también estaba nerviosa.

Nunca había tenido una salida así con un chico.

Intenté no pensar demasiado.

Cuando finalmente sonó la campana de salida, guardé mis cosas rápidamente.

Pablo apareció junto a mi asiento.

—¿Lista?

—Creo.

—Eso sonó poco convincente.

—Estoy nerviosa.

—Yo también.

Lo miré sorprendida.

—¿Tú?

—Sí.

—No pareces nervioso.

—Porque estoy fingiendo muy bien.

Reí.

Salimos juntos del instituto.

Pablo miró mi motocicleta.

—¿Podemos ir en la tuya?

—¿A dónde?

—No está muy lejos.

—Está bien.

Me coloqué el casco.

—¿Tú tienes otro?

Pablo sacó uno de su mochila.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde ayer.

Lo miré sorprendida.

—¿Compraste un casco?

—Sí.

—¿Por qué?

Sonrió.

—Porque sabía que algún día iba a necesitarlo.

No pregunté más.

Subimos a la motocicleta.

El trayecto fue corto.

Finalmente llegamos a una pequeña cafetería.

Me bajé y miré el lugar.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque dijiste que te gustaba el café.

Sonreí.

—¿Te acordabas?

—Me acuerdo de muchas cosas que dices.

No supe qué responder.

Entramos.

El lugar era pequeño y acogedor.

Nos sentamos junto a una ventana.

—¿Qué quieres? —preguntó Pablo.

—Un cappuccino.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Yo invito.

—No.

—Rosita.

—Puedo pagar lo mío.

—Lo sé.

—Entonces...

—Déjame invitarte esta vez.

Suspiré.

—Está bien.

Pablo sonrió.

—Perfecto.

Mientras esperábamos nuestras bebidas, comenzamos a hablar.

Hablamos de nuestras familias.

De nuestros gustos.

De las películas que nos gustaban.

De los lugares que queríamos conocer.

Y, por primera vez, descubrí que Pablo también tenía sueños.

—Quiero viajar mucho —me dijo.

—¿A dónde?

—España, Italia, Francia...

—¡Yo también!

—¿En serio?

—Sí.

—Entonces algún día tendremos que hacer una lista.

—¿Una lista?

—De todos los lugares que queremos conocer.

Saqué mi teléfono.

—Hazla ahora.

Pablo comenzó a reír.

—¿Tan seria?

—Sí.

Comenzamos a escribir.

España.

Italia.

Francia.

Grecia.

Japón.

Brasil.

Puerto Rico.

Cuando escribimos el último lugar, Pablo me miró.

—Puerto Rico también.

—Claro.

—Entonces tienes que conocer mi isla.

—Me encantaría.

—Yo podría enseñarte todos mis lugares favoritos.

—Eso suena bonito.

Nos quedamos mirándonos.

Otra vez apareció ese silencio.

Ese extraño silencio que cada vez se hacía más frecuente.

Llegaron nuestras bebidas y apartamos la mirada.

---

Después de salir de la cafetería, caminamos un rato por una plaza cercana.

Había familias, niños jugando y parejas caminando.

Observé a una de ellas.

La chica reía mientras el chico la abrazaba.

Pablo siguió mi mirada.

—¿Te gustaría tener algo así?

Me quedé callada.

—No lo sé.

—¿Por qué?

—Porque siempre he tenido miedo de que alguien me haga daño.

—Eso es comprensible.

—Pero también me gustaría saber cómo se siente que alguien te quiera de verdad.

Pablo bajó la mirada.

—Creo que todos queremos eso.

—¿Tú también?

—Sí.

Seguimos caminando.

Después de unos minutos, Pablo preguntó:

—¿Qué es el amor para ti?

La pregunta me tomó por sorpresa.

—No sé.

Pensé unos segundos.

—Creo que es sentirte segura con alguien.

Él me miró.

—¿Solo eso?

—No.

Sonreí.

—También es poder ser tú misma sin miedo.

—Me gusta esa definición.

—¿Y para ti?

Pablo tardó en responder.

—Creo que es elegir a alguien todos los días.

Lo miré.

—Eso es bonito.

—Sí.

—¿Has amado alguna vez?

Pablo me miró directamente.

—No.

—¿Nunca?

Negó con la cabeza.

—Nunca había conocido a alguien con quien quisiera intentarlo.

Sentí que el corazón me latía más rápido.

—Ah.

—¿Y tú?

—Tampoco.

Seguimos caminando.

Ninguno dijo nada.

Pero aquella conversación había cambiado algo.

---

Cuando comenzó a oscurecer, Pablo me acompañó hasta donde había dejado la motocicleta.

—Gracias por salir conmigo —dijo.

—Gracias a ti.

—¿Te divertiste?

—Mucho.

Sonrió.

—Entonces habrá que repetirlo.

—Quizás.

—¿Quizás?

—No quiero que te emociones.

—Demasiado tarde.

Me reí.

Me coloqué el casco.

Pablo se acercó un poco.

—Rosita.

—¿Sí?

—¿Puedo decirte algo?

—Sí.

—Hoy fue uno de los mejores días que he tenido desde que llegué.

Sonreí.

—El mío también.

Nos miramos.

Por un instante pensé que iba a acercarse más.

Pero se detuvo.

En lugar de eso, simplemente sonrió.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Encendí la motocicleta.

Mientras regresaba a casa, una sonrisa permaneció en mi rostro.

No sabía qué éramos.

No sabía qué iba a pasar.

Pero por primera vez no quería apresurarme a descubrirlo.

Quería disfrutar cada momento.

Porque quizás el amor no siempre llegaba como en los libros.

Quizás comenzaba de una manera mucho más sencilla.

Con una amistad.

Una conversación.

Una taza de café.

Una mirada.

Y una persona que, poco a poco, conseguía convertirse en alguien imprescindible.

Continuará...

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