MasukCapítulo 1 Mi mejor amigo Hay personas que llegan a nuestra vida sin que las estemos buscando. Algunas se quedan solamente unos meses. Otras permanecen durante años. Y existen aquellas que terminan convirtiéndose en una parte tan importante de nosotros que resulta imposible imaginar cómo era nuestra vida antes de conocerlas. Para mí, esa persona era él. Mi mejor amigo. Su nombre era Adrián. Y durante mucho tiempo pensé que tenerlo a mi lado era lo mejor que podía haberme pasado. No sabía que también sería la persona que conseguiría romperme el corazón. Pero antes de llegar a esa parte de la historia, tengo que contar cómo comenzó todo. Mi nombre es Marian Estefanía. Tenía una vida bastante normal. Estudiaba, hacía mis tareas, discutía con mi familia de vez en cuando y pasaba muchísimo tiempo con mi mejor amigo. No era la chica más popular del instituto. Tampoco me interesaba serlo. Prefería sentarme tranquilamente, escuchar música, leer cuando tenía tiempo y hablar con
un amor no correspondido Un amor no correspondido Existen amores imposibles. Amores prohibidos. Amores que llegan en el momento equivocado. Y también existen esos amores que parecen ser exactamente lo que siempre soñaste… hasta que descubres que nada era como imaginabas. Mi nombre es Marian Estefanía, y durante mucho tiempo creí que algún día encontraría a mi media naranja, a esa persona que conseguiría hacerme sentir mariposas en el estómago, que me haría perder la razón y que se convertiría en mi alma gemela. Pensé que cuando llegara el amor verdadero lo reconocería inmediatamente. Y, de cierta manera, lo reconocí. El problema era que la persona de la que me enamoré jamás podría corresponderme de la manera que yo quería. Era mi mejor amigo. Mi confidente. La persona con la que podía hablar durante horas, reírme de cualquier tontería y contarle absolutamente todo. Y sí… Era gay. ¿En serio? ¿Estás pensando exactamente lo que estás escuchando? Sí. Me enamoré perdidamen
Epílogo — Y nuestra historia continuó Habían pasado varios años desde aquel primer día en que Pablo entró al salón de clases. A veces me parecía increíble pensar que todo había comenzado de una manera tan sencilla. Una clase de Arte. Un asiento vacío. Un chico nuevo. Una sonrisa. Y una conversación que ninguno de los dos imaginaba que terminaría cambiándonos la vida. Ahora estaba sentada junto a la ventana de mi habitación, mirando unas fotografías que había guardado durante años. Sonreí al encontrar una de nosotros dos. Éramos más jóvenes. Yo tenía el cabello diferente y una expresión tímida. Pablo estaba a mi lado, sonriendo como siempre. Debajo de la fotografía había escrito una fecha. Nuestro primer día juntos. Pasé los dedos sobre la imagen. —No puedo creer que haya pasado tanto tiempo. —¿Qué haces? Escuché la voz de Pablo detrás de mí. Me giré. —Estoy viendo nuestras fotos. Se acercó y miró la fotografía. —Oh, Dios. Se rio. —Mira mi cabello. —Estaba bonit
Capítulo 23 — Nuestro amor El tiempo había pasado más rápido de lo que imaginaba. Parecía que había sido ayer cuando Pablo entró por primera vez al salón. El chico nuevo. El de los ojos azules. El que se sentó a mi lado. Nunca habría imaginado que aquella persona terminaría convirtiéndose en alguien tan importante para mí. Ahora caminábamos juntos por los pasillos del instituto como si siempre hubiéramos sido así. Pablo tomaba mi mano. Yo sonreía. Y ya no me preocupaba lo que los demás pensaran. Un día, durante el recreo, nos sentamos bajo nuestro árbol. —¿En qué piensas? —preguntó Pablo. —En nosotros. —¿Eso es bueno? —Sí. Sonrió. —¿Qué pensabas? —En cómo empezó todo. —Yo también me acuerdo. —Yo estaba sentada al fondo del salón. —Y yo era el estudiante nuevo. —Y me miraste. —Porque tú me estabas mirando primero. Abrí los ojos. —¡No es cierto! —Sí lo es. —Mentiroso. Se rio. —Me acuerdo perfectamente. Yo también sonreí. —Nunca pensé que íbamos a terminar a
Capítulo 22 — Una decisión importante El lunes comenzó con una noticia que nadie esperaba. La profesora entró al salón con una carpeta en las manos. —Chicos, necesito informarles algo. Todos dejamos de hablar. —Durante las próximas semanas tendremos varios trabajos y actividades especiales. Algunos de ustedes tendrán que trabajar en parejas. Pablo me miró inmediatamente. —Nosotros juntos. Sonreí. —Obviamente. La profesora comenzó a repartir los grupos. Cuando llegó a nuestro nombre, nos miró. —Rosita y Pablo, ustedes trabajarán juntos. Pablo levantó discretamente el pulgar. —Perfecto. Yo sonreí. Pensé que sería fácil. Pero no lo fue. --- El trabajo consistía en preparar una presentación bastante grande. Pablo quería hacerla de una manera. Yo quería hacerla de otra. —Creo que deberíamos hacerlo así —dije. —Pero creo que así quedaría mejor. —No. —Sí. —Pablo. —Rosita. Nos miramos. —Está bien —dije—. Hazlo como quieras. Él frunció el ceño. —No quiero que haga
Capítulo 21 — Un lugar en su mundo El viernes, durante el recreo, Pablo estaba más sonriente de lo normal. Lo miré con curiosidad. —¿Qué te pasa? —Nada. —Tienes cara de que estás planeando algo. —¿Yo? —Sí, tú. Pablo soltó una pequeña risa. —Bueno... quizás. —¿Qué hiciste? —Nada malo. —Eso dicen todos antes de hacer algo. —Rosita, tranquila. Tomó mi mano. —Quiero preguntarte algo. —Dime. —¿Te gustaría conocer a mi familia? Me quedé completamente quieta. —¿A tu familia? —Sí. —¿Este fin de semana? —Si quieres. Mi corazón comenzó a latir más rápido. —¿Estás seguro? —Claro. —¿Y ellos saben que voy? —Sí. —¿Y qué les dijiste? —Que eres mi novia. —Eso ya lo sé. —También les dije que eres tímida. —¡Pablo! Se rio. —Y que eres buena conmigo. Eso me hizo sonreír. —¿De verdad quieres que los conozca? —Sí. Pensé unos segundos. La idea me ponía nerviosa, pero también me hacía ilusión. —Está bien. Pablo sonrió. —¿En serio? —Sí. —Entonces mañana. —¿Mañana?







