INICIAR SESIÓNLos clubes no eran lo mío, mucho menos los clubes en los que se celebraba una noche de máscaras. Este sitio estaba a reventar de gente, alcohol y mi incomodidad por llevar en la cara este antifaz barato de plástico. Estoy sentada sola en la barra.
—¿No la estás pasando genial? — habla Martina con un trago en la mano, ha regresado de bailar con un hombre.
—No mucho… pensé que iríamos a un sitio más calmado — tengo que gritar para que me escuche por encima de la música.
—Nos tocó casa llena, si tomases un trago te soltarías más Vivienne.
—Tengo que ir a trabajar mañana a primera hora. No puedo beber, mejor será que me vaya, pediré un taxi — reflexiono y me despido de mi amiga, que lo entiende.
Intento caminar entre el mar de personas bailando, pero se me complica, no me dejan pasar y empujan tanto que desisto de andar por donde llegué. En la oscuridad me desvió a un pasillo que está solo.
Al llegar puedo volver a respirar, y a quitarme la tonta máscara de plástico que me raspaba la frente. Sigo la señal de salida de emergencia, pero unos ruidos extraños a un lado llaman mi atención.
—¡No sé nada! — clama en desespero un hombre — ¡Piedad!
Me asomo a una bodega con la puerta abierta donde veo una escena terrible. Al hombre que pedía piedad siendo golpeado por dos hombres con apariencia de matones. El tipo en el suelo está cubierto de sangre, también maniatado.
Aparte de ellos tres, hay uno sentado en una silla con aires de superioridad, es el que da órdenes. También otro de gran altura fumando un cigarrillo recostado de una de las mesas con suplementos del club. Este último, me recuerda a alguien que conozco. Es el único que lleva un antifaz con cuernos de demonio de todos los presentes.
—Mátalo — ordena el de la silla.
Quiero que mi cuerpo se mueva, pero no se mueve en medio de la conmoción. El del matón con la pistola si lo hace, sin importar los gritos de terror del hombre en el suelo, éste le dispara en la parte posterior de la cabeza.
—¡Agh! — se me escapa por el shock.
Cometo un gravísimo error, la oscuridad del pasillo no me protege lo suficiente.
—¿Quién anda allí? ¡Tráiganmelo! — grita el jefe a sus hombres.
Mi cuerpo reacciona finalmente y empiezo a correr por mi vida a través de los pasillos interminables del club. Por instinto, vuelvo a ponerme la máscara, mientras siento que me persiguen. Esto parece un laberinto, esto parece el infierno.
Me pierdo y no sé dónde estoy al llegar a una especie de callejón sin salida, porque la puerta que comunica con un área transitada del club, está cerrada. Me esfuerzo por abrirla, patearla y forzarla, no consigo abrirla.
—¿Quién te mandó? — pregunta uno de los hombres que me han seguido.
Estoy acorralada, y muerta de miedo. Había presenciado un asesinato.
—¿Qué importa eso? Nos vio la cara, hay que matarla — responde el otro con la pistola.
—No-no diré na-nada — respondo temblando y mirando a los lados sin encontrar nada con lo que defenderme.
Cuando me apuntan, cierro los ojos y espero por mi muerte.
Aunque esa nunca llega, escucho un sonido metálico a un lado, había disparado, sólo que no a mí. Abro mis ojos para percatarme de que el hombre del antifaz de diablo está forcejeando con el de la pistola. Es tan fuerte que le obliga a disparar un par de veces más al suelo, y es capaz de golpearlo.
El otro compañero no se queda atrás, intenta intervenir, pero el diablo es tan fuerte que logra reducir a los otros dos hasta dejarlos inconscientes.
El diablo consigue arrebatar el arma, y se aproxima a mí a paso lento. Su tamaño es imponente, sus manos están llenas de sangre y mi miedo me hace deslizarme hasta el suelo bañada en temor.
—No vi nada, por favor, déjame ir — lloro desconsolada.
Él se agacha a mi nivel demasiado cerca, tan cerca como para oler mi terror. Ladea su cabeza y me sonríe. Evito verle a los ojos, siento que voy a morir.
—Te daré cinco segundos de ventaja…
—¿Qué-qué? — tiemblo al preguntar.
—1… 2…
Comprendo que tengo una posibilidad de escapar y la tomo. Salgo de donde estoy, salto a los hombres en el suelo y corro tanto que de alguna forma consigo otra salida del club.
De ese club al que prometo más nunca en mi jodida vida, regresar.
Narrado por Caleb BlackwoodUna vez llegué a creer que estaba tan roto que no sería capaz de amar a nadie más. Pero ya después llegó a mi vida Vivienne, demostrándome que era capaz de amar a alguien que no fuese de mi sangre. Fui capaz de enamorarme de una mujer, y ahora que el tiempo ha pasado, sé que no tenía forma de escapar de la trampa del amor con una mujer como ella a mi lado.Vivienne es simplemente todo lo que yo no soy. Tiene un corazón de oro, es racional, es centrada, muy inteligente en lógica y sentimientos, y algo muy importante, me ama. Me ama más de lo que yo nunca he llegado a amarme. Lo que ella diga, se hará, porque a este nivel confío más en su juicio que en el mío propio.Pero esto de ser padre, ha sido más complicado de lo que hubiese pensado. Quise embarazar a mi esposa para retenerla a mi lado. Las mujeres están condicionadas a estar con el padre de sus hijos, ese es un lazo que nunca se podrá borrar. Aun así, al nacer Patrick, me di cuenta de que ese capricho
9 meses después Dicen que el tiempo transcurre como agua entre los dedos cuando lo disfrutas, y así ha sido este tiempo de mi vida. Viví mi embarazo de una forma tan linda y tranquila, que me cuestioné si alguna vez la existencia del innombrable realmente le pasó a los Blackwood. Parecía más un cuento de terror para asustar a los niños que una realidad.Desde su partida, la armonía empezó a dominar esta familia, y los que una vez fueron enemigos, se convirtieron en aliados, en amigos, en gente que se demostraba afecto con sus acciones. El tumor había sido extirpado y el cáncer no había regresado más.Algunos llegaron a decirme que yo fui la responsable de ello, que fui el detonante de la caída de Stewart. Pero sigo considerando que me dieron más crédito del que merecía, yo sólo llegué a esta familia por accidente, y por ese mismo accidente me enamoré de Caleb.Lo que sí no había sido un accidente fue la concepción y el nacimiento de nuestro pequeño Patrick. El primer bebé de esta nue
Me cuesta respirar y mantenerme calmada ante la imagen que estoy teniendo frente al espejo. Llevo puesto mi vestido de novia de corte imperio, ese que Martina quien es mi madrina de bodas, está arreglando su cola. La estilista le está dando los últimos toques a mi maquillaje, mientras que la fotógrafa está inmortalizando este momento.—Eres la novia más hermosa que he tenido la oportunidad de ver, amiga — dice Martina abrazándome por detrás en una gran sonrisa.—¿Estás segura de eso? Hasta ayer tuvieron que hacer más grande mi vestido porque no paro de ganar peso con el embarazo — digo con temor.—¿Y qué tiene Vivienne? ¿Juzgarías a una mujer con cuatro meses de embarazo por ganar algunos kilos? — me cuestiona.—No, sabes que no.—¿Entonces por qué sigues siendo tan dura contigo misma? Eres preciosa, por dentro y por fuera, no importa cuánto peses — asegura mi amiga.Esa que me hace llorar más temprano de lo que debería. Duré muchos años creyendo que nunca sería capaz de recibir amor
Narrado por Caleb BlackwoodMe cuesta caminar completamente erguido mientras entramos en el salón de la funeraria donde tienen en ese altar rodeado de flores, un retrato de Stewart y sus cenizas. Se siente irrealistas y como si fuese un sueño, el sueño más lindo y plácido que haya tenido hace mucho tiempo.Pero éste es el juego de las apariencias. Como es de esperarse, las caras largas y las lágrimas falsas abundan en este espacio con gente vestida de luto. Avanzo con lentitud, usando como muleta a mi esposa, y no tardamos en ser el centro de muchas miradas indiscretas.Sé que antes de mi llegada o la de alguno de mis familiares, debieron estar comiendo nuestras espaldas con todo tipo de rumor, pero eso es lo de menos en este momento. En ese donde me uno a mi madre, que me mira entre el asombro y el regaño al ocupar un asiento a su lado.—Vivienne — decide hablarle a ella, no a mí — ¿Me puedes explicar por qué le dijiste de este servicio? Caleb debería estar descansando.—Hola mamá, p
Narrado por Caleb BlackwoodUna cosa es fingir que eres bueno despidiéndote de tu padre abusivo, otra era poder cumplir con lo que has prometido. Apenas pude dar algunos pasos bajo la lluvia, pero no los suficientes como para descender por las escaleras. Sigo siendo bañado por el agua que cae del cielo, recostado de la pared que da con la salida en el techo.Estoy dejando de sentir mis piernas, y el calor de mi cuerpo está escapándose tal cual como si nunca hubiese existido. No tengo fuerzas para más que seguir respirando y despierto.Sería tan irónico que muriese en este sitio. Mi única calma es que Stewart está muerto.—¡Caleb! — grita la voz de Kate que se está aproximando — ¿Dónde estás?Katherine llega corriendo muy agitada, pero no puede verme porque me da la espalda. Ella mira a los lados y se asoma al borde, mira lo que hay abajo. Su reacción principal es taparse la boca para ahogar el grito que quiere soltar. La otra es voltear hacia mí, y con ello, venir desesperada a arrodi
Narrado por Caleb BlackwoodLos gritos son capaces de lastimar los oídos de cualquiera que tenga problemas auditivos. La fuerza con la que Stewart intenta aferrarse al rifle, y no lo suelta, es animal. También el disparo al techo había logrado tumbar algunos cristales del candelabro sobre el comedor.—¡ABRAN LA MALDITA PUERTA YA! ¡SÉ QUÉ ESTÁN AFUERA! ¡PETER! ¡MIKE! — exclama Rhea golpeando la puerta con desespero.Esa no abre, porque habíamos caído en la última muestra de locura de mi padre. Tuvieron que cerrarla con llave por fuera, para dejarnos atrapados con Stewart. El forcejeo continúa. El rifle va de arriba hacia abajo, ninguno cede.—¡Caleb! ¡Aléjate de él! — me grita Margot. Sabiendo que no puede usar su voz todavía.Kate y Lauren la están sujetando para que no se acerque a nosotros. En medio del caos, escucho que Víctor está llamando por su celular para que nos saquen de aquí y acercándose a su madre.Lamentablemente, mi madre no permite ser retenida por mucho tiempo más. Se







