LOGINAnastasya llevaba casi una hora revisando fotografías, registros de vehículos y movimientos de hombres relacionados con Osadchiy cuando escuchó tres golpes secos en la puerta de su oficina.—Adelante —dijo sin alzar la mirada.La puerta se abrió y Arkady apareció en el umbral.—Avtoritetsha, encontramos algo.Anastasya alzó los ojos de inmediato.—Habla.—Uno de los vehículos utilizados por los hombres del club náutico de los que escapó, apareció en una cámara de tráfico a seis kilómetros del puerto. La matrícula estaba cubierta pero conseguimos identificar el modelo.Anastasya cerró la laptop.—¿Dónde está ahora?—En un almacén abandonado.Una sonrisa fría apareció en sus labios.—Entonces tenemos una dirección.Se puso de pie y tomó su abrigo.—Prepara a los hombres.Arkady dudó por un momento.—Hay algo más.Anastasya lo miró con los ojos entrecerrados.—¿Qué?—Alguien ya está allí.La pelirroja se tensó enseguida.—¿Quién?Arkady le mostró su teléfono.En la pantalla había una fot
La puerta se cerró detrás de Nikolai y Anastasya se quedó sentada en el borde de la cama varios segundos, mirando el espacio vacío donde él había estado. El botiquín seguía abierto sobre la alfombra. Las gasas usadas, el antiséptico, el calor de su mano en su rostro. Todo demasiado real. Se pasó el pulgar por el labio inferior, todavía sensible y apretó la mandíbula.—Imbécil... —murmuró.No estaba segura de si se refería a él o a ella misma.Se levantó, recogió el botiquín y lo devolvió al baño. Después caminó hasta el ventanal. Abajo estaba la camioneta negra de Nikolai que todavía no se había alejado. Las luces permanecían encendidas hasta que finalmente el auto arrancó y desapareció calle abajo.Solo entonces Anastasya dejó escapar el aire.El ataque del club náutico no había sido improvisado. Cuatro hombres no eran suficientes para matarla pero sí para mandar un mensaje. Y el mensaje no era solo para ella. Alguien sabía que estaba jodiendo a Zinoviy. Alguien había seguido
Sus labios sobre los de Anastasya se movieron con la lentitud de un beso profundamente dulce, intenso y cargado de una ternura que la tomó por sorpresa.Las manos de Nikolai que un momento antes la habían aferrado de las caderas con una fuerza animal, ascendieron con una delicadeza reverente por sus costados hasta acunar su rostro y otra se dirigió a su nuca.Sus dedos rozaron su mejilla con un cuidado extremo, como si Anastasya fuera una pieza de porcelana fina que temiera romper. Ella se estremeció porque nunca antes la había tocado así.Con ese cambio de ritmo, Nikolai estaba traicionando su propia armadura. Detestaba verla herida, aunque se tratara de unos hilos de sangre insignificantes en las rodillas causados por cristales rotos, la sola imagen de su piel dañada le había revuelto las entrañas en el restaurante, desatando una marea de posesividad y pánico que no podía, ni quería, admitir en voz alta. Para la Bratva el amor era una debilidad mortal pero él había crecido con la
Anastasya se acomodó en el asiento de la camioneta sin pedir permiso, cruzó una pierna sobre la otra ignorando el escozor de las rodillas y giró la laptop hacia sí.—Contraseña —exigió sin mirarlo.Nikolai todavía estaba de pie en el marco de la puerta y arqueó una ceja.—¿Ni siquiera un "por favor", Krasávitsa? —Volkov, contraseña.Él soltó una risa baja y se inclinó lo suficiente para teclear una secuencia rápida, demasiado cerca de ella.Anastasya sintió el calor de su cuerpo y el olor limpio de su perfume, no se apartó.—Ahí tienes. Intenta no reventar mis sistemas mientras juegas a ser fantasma digital.—Si los reviento, será porque no estaban a la altura —respondió ella ya tecleando con velocidad precisa.Nikolai se sentó a su lado observándola trabajar. La camioneta arrancó segundos después, conducida por uno de sus hombres. El movimiento suave apenas los meció.—Eres inquietantemente atractiva cuando destruyes evidencia —comentó él.—Y tú eres irritantemente hablador cuando d
—Yo soy la que va a encargarse —dijo Anastasya lanzándole a Nikolai una mirada cargada de hielo y advertencia, notando al instante cómo él se detenía y se giraba para mirarla con la mandíbula tensar—. Arkady, enciende la camioneta.Nikolai volvió a acercarse a ella interponiéndose no tan sutilmente en el camino de Arkady. La fijeza de sus ojos azul grisáceo destilaba una furia posesiva, el ambiente que apenas se enfriaba tras la balacera, volvió a cargarse de una hostilidad eléctrica. A Nikolai le importaba un demonio la policía o las cámaras en ese momento, el leve rastro de sangre en las rodillas de la rusa y el toque, por mínimo que fuera, de los dedos de Arkady en su brazo, habían encendido un fuego salvaje en su interior y que ella confiara en él y no completamente en el albino lo desquiciaba.—Dije que yo me encargo —dijo con una voz rasposa, autoritaria y profundamente peligrosa que hizo que Arkady tensara sus músculos por puro instinto—. De todo, incluyendo tus rodillas, Kra
La reunión de Nikolai llegó a su fin. Sus socios mayores se pusieron en pie, estrechándole la mano y Nikolai se despidió pero en cuanto ellos se dieron la vuelta, su atención total regresó a Anastasya. Con pasos felinos y calculados, cruzó el salón en su dirección, con la clara intención de dejarla trabajar.Sin embargo, a mitad de camino, los ojos claros de Nikolai registraron la misma anomalía que ella ya estaba procesando. Su postura relajada desapareció, transformándose al instante en la de un depredador en alerta máxima. Nikolai aceleró el paso, acortando la distancia hacia su mesa. Estaba a punto de abrir la boca y tomarla firmemente del brazo para sacarla por la fuerza de lo que evidentemente se iba a convertir en una línea de fuego, pero Anastasya se le adelantó.Ella escuchó el crujido casi imperceptible de una pisada apurada fuera del restaurante y la sombra de un movimiento reflejada en el ventanal de la entrada activaron sus alarmas. No necesitó ver más, su instinto, for







