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Capítulo 7

ผู้เขียน: Limon
Al ver que la anciana hablaba con voz fuerte y clara, Elisa se tranquilizó.

Sin embargo, con el rostro muy serio, le advirtió:

—Señora, usted tiene una enfermedad que le afecta los sentidos y la puede dejar inconsciente en cualquier momento. Lo mejor es que no ande sola, que siempre salga con alguien de la familia.

La Doña Salazar sonrió amablemente y respondió:

—Solo salí a dar un paseo y tuve un pequeño accidente. Normalmente mi familia me cuida mucho y no me deja salir sola. Tenemos muy buenas costumbres en casa y mis hijos son muy buenos conmigo. Por cierto, muchacha, aún no me has dicho cómo te llamas. ¿Qué te parece si nos agregamos a WhatsApp para invitarte a comer algún día?

Elisa pensó que, si la anciana se sometía a un tratamiento regular con acupuntura, podría reducir la frecuencia de sus ataques, así que aceptó y sacó su celular para agregarla a sus contactos.

—Señora, me llamo Elisa. La próxima vez que no se sienta bien puede avisarme y vendré a aplicarle acupuntura.

La Doña Salazar guardó el número con el corazón lleno de alegría.

Asintió con una gran sonrisa y dijo:

—De acuerdo, muchas gracias, Elisa. Si lo necesito, ten por seguro que te buscaré. Por cierto, ¿estás casada? ¡Si no lo estás, te presento a mi nieto!

Elisa no esperaba que la anciana fuera tan entusiasta y no pudo evitar sentirse entre divertida y desconcertada.

—No es necesario, señora. Tengo que irme a trabajar. ¿Segura que estará bien sola?

La Doña Salazar respondió:

—Sí, le enviaré un mensaje a mi familia para que vengan a recogerme. Anda, ve rápido a tu trabajo.

Al notar que la anciana lucía completamente lúcida, Elisa se dio la vuelta y se marchó tranquila.

La Doña Salazar observó su silueta alejarse, deseando con todas sus fuerzas poder llevársela a casa en ese mismo instante para que conociera a Bruno.

Sin embargo, sabía que no podía apresurar las cosas y que debía actuar con paciencia.

Lo primero que tenía que hacer era conseguir que Bruno viajara a Villa del Río.

Sacó su celular y le envió un mensaje a su nieto.

***

Elisa entró a la empresa y buscó a Antonio.

Antonio la llevó a conocer a los demás compañeros del departamento.

Habían pasado cinco años y el departamento de investigación había sufrido dos renovaciones completas de personal.

Los nuevos empleados prácticamente no la conocían, ni tampoco sabían de su relación con Nicolás.

Al ver llegar a Antonio acompañado de Elisa, todos sintieron mucha curiosidad.

—Compañeros, les presento a nuestra directora de investigación, Elisa Montiel —anunció Antonio—. Durante estos últimos años, aunque no ha estado físicamente en la oficina, siempre ha dirigido el rumbo del desarrollo de nuestros productos y es el alma de este departamento.

Las palabras de Antonio generaron dudas e incredulidad entre los presentes.

La gerente del departamento, Diana Montoya, miró el rostro increíblemente hermoso de Elisa y soltó un bufido de desprecio en su interior.

"Solo es alguien con influencias, por más bonito que lo pinten", pensó.

Supuso que Elisa debía ser la amante de algún accionista de la empresa. De lo contrario, ¿cómo era posible que una mujer tan joven ocupara ese puesto sin siquiera tener que ir a trabajar.

Tras saludar a todos, Elisa regresó a la oficina con Antonio.

Antonio le entregó todos los documentos del departamento y le dijo:

—Señora, revíselos con calma. Si tiene alguna duda, pregúnteme con confianza. La dejaré sola para que trabaje.

Elisa asintió. Una vez que Antonio se retiró, abrió las carpetas y comenzó a leer con mucha atención.

La información que Antonio le había entregado no solo contenía los resultados de las investigaciones de los últimos cinco años, sino también las cifras de ventas.

Descubrió con asombro que los productos más vendidos de la empresa durante todo ese tiempo habían sido desarrollados con su participación, y que las fórmulas principales eran obra suya.

Eso significaba que ella también era responsable del gran éxito y crecimiento del Grupo Rojas.

Al pensar que durante años había trabajado para la empresa sin recibir ningún reconocimiento, y que, encima de todo, Nicolás la había traicionado, dejó escapar una sonrisa cargada de amargura y sarcasmo.

***

Apenas Nicolás y Noa entraron a su oficina, Antonio apareció para presentar su informe de trabajo.

Como Noa era la secretaria de Nicolás, naturalmente podía quedarse a escuchar.

Tras terminar su reporte, Antonio mencionó de pasada que Elisa se había presentado a trabajar esa misma mañana.

Nicolás arqueó una ceja y le indicó a Antonio:

—Lleva cinco años fuera del mundo laboral, es obvio que ha perdido la práctica. No le hagas caso. En cuanto a la ejecución de los proyectos, sigue haciéndolo a tu manera.

Sin embargo, Antonio lo corrigió:

—Señor Nicolás, se preocupa sin razón. La señora es sumamente capaz. De hecho, fue ella quien ajustó las fórmulas de varios de los productos más importantes que ha lanzado nuestro departamento.

Al escucharlo, Nicolás asumió que Antonio solo estaba siendo cortés con Elisa y que sus palabras eran puros halagos vacíos.

Después de graduarse de la universidad, Elisa no llevaba ni un año trabajando en la empresa cuando empezó su relación con él.

Luego renunció y se quedó en casa siendo ama de casa durante cinco largos años. ¿Qué talento podría tener?

Agitó la mano en dirección a Antonio y ordenó:

—¡Vuelve a tu trabajo!

En cuanto Antonio salió, Noa comentó:

—Antonio siempre es muy exigente con el trabajo y casi nunca reconoce a nadie. Nunca imaginé que Elisa lograría que la elogiara de esa manera. Se nota que Elisa tiene muchísimo encanto.

Lo dijo con toda la intención de insinuar que Elisa usaba sus encantos femeninos para ganarse a los hombres.

Esas palabras lograron que Nicolás sintiera una repentina incomodidad.

Miró a Noa y le aclaró:

—Conozco muy bien a Elisa y ella no es de ese tipo de mujeres. Antonio seguramente la está halagando solo por respeto a mí.

Él había sido el primer hombre en la vida de Elisa.

Después de casarse, ella había volcado toda su atención y amor en él, era imposible que se fijara en otros.

Además, ¿qué otro hombre podría ser mejor que él?

Al mediodía, Elisa dejó los documentos a un lado y se preparó para ir al comedor de la empresa.

Apenas salió al pasillo, se cruzó con el director Manrique, del departamento de ventas.

El director Manrique había entrado a trabajar al Grupo Rojas hacía solo medio año, por lo que ignoraba por completo la relación que ella tenía con Nicolás.

Al ver lo hermosa que era, le sonrió y la saludó:

—Qué coincidencia, directora Montiel. ¿Vamos a comer juntos?

Elisa asintió con cortesía.

Como notó que ella era bastante callada, el director Manrique buscó un tema de conversación y empezó a hablarle sobre el volumen de ventas de los productos de la empresa.

Justo esa era la información que Elisa necesitaba conocer, así que comenzó a charlar animadamente con él.

La escena de los dos caminando juntos fue captada por Noa.

Dejó escapar un bufido, tomó una foto con su celular y se la envió a Nicolás con el siguiente mensaje:

"Parece que Elisa tiene mucho éxito con los hombres. Apenas es su primer día en la oficina y ya tiene a alguien invitándola a comer."

Al ver la fotografía, Nicolás sintió como si algo le bloqueara el pecho, dejándolo sin aliento.

Elisa era verdaderamente hermosa.

Poseía ese tipo de belleza deslumbrante que cautivaba a primera vista.

Si no fuera así, él mismo no se habría sentido tan irremediablemente atraído hacia ella en un principio.

Cinco años atrás, la verdadera razón por la que se empeñó tanto en que renunciara y se quedara en casa fue el temor de que otros hombres codiciaran su belleza y tuvieran intenciones indebidas con ella.

Ella le pertenecía solo a él. Ningún otro hombre tenía el derecho siquiera de mirarla.

Sin dudarlo, marcó el número de Elisa.

Pero su número seguía bloqueado, así que no tuvo más remedio que llamarla por la línea interna de la empresa.

Elisa no tenía la más mínima intención de contestar la llamada de Nicolás.

Sin embargo, dentro de la empresa, él era su superior y no podía ignorarlo.

Respondió con un tono puramente profesional:

—¿Qué sucede?

La frialdad en su voz solo avivó la furia en el corazón de Nicolás, haciendo que su tono se volviera aún más gélido.

—Ven a mi oficina ahora mismo.

Sin decir más, colgó.

Elisa no deseaba tener ningún tipo de contacto con él.

Pero por cuestiones de trabajo, tuvo que obedecer y se dirigió a su oficina.

Apenas cruzó la puerta, vio a Noa sentada muy cerca de Nicolás.

Había dos recipientes de comida sobre el escritorio, Noa, sin pensarlo dos veces, se sirvió directamente del plato de Nicolás, como si fuera lo más normal del mundo.

El rostro de Elisa se endureció al instante.

Al ver que, además de haberse ido de la casa la noche anterior, ahora se atrevía a mirarlo con desprecio, Nicolás endureció su voz y le reclamó:

—Dijiste que venías a trabajar para cambiar de ambiente, pero resulta que te paseas de forma inapropiada con los hombres de la empresa. ¿Qué pretendes? ¡Elisa, no olvides de quién eres esposa!

En los enredos entre hombres y mujeres, la que siempre salía perdiendo era la mujer.

Ella era de su propiedad, y jamás permitiría que ningún otro hombre le pusiera una mano encima a su mujer.

Elisa le respondió con sarcasmo:

—¿Qué quiere decir con eso, Señor Nicolás? Vengo a trabajar y hablo de negocios con un compañero, ¿acaso no es lo más normal del mundo? ¿Cómo es que, a sus ojos, eso se convierte en algo inapropiado? Más bien me gustaría preguntarle a usted, Señor Nicolás, compartir su propia comida con Noa, ¿qué clase de comportamiento es ese?

Nicolás no esperaba que Elisa, lejos de reconocer su supuesto error, tuviera la osadía de cuestionarlo a él.

Ella siempre había sido muy dócil y obediente, ¿qué le pasaba hoy?

¿Acaso seguía molesta por lo que había pasado la noche anterior?

Pero los problemas de pareja no deberían durar más de una noche. Le pareció que ella estaba siendo demasiado rencorosa.

Noa dejó sus cubiertos sobre la mesa y se apresuró a justificarse:

—Todo es culpa mía por ser tan antojada. Elisa, no lo malinterpretes, solo veo a Nicolás como a mi propia familia y por eso no me cuidé de guardar las apariencias aquí en la oficina.

Elisa clavó su mirada en ella y respondió de inmediato:

—¿Acaso solo no guardan las apariencias en la oficina?

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