MasukAdrián la miró fijamente, con la ira creciente. «Has cambiado».«Sí, he cambiado».«¿Qué ha sido de la mujer que me entendía? ¿De la mujer que me apoyaba y sabía cómo comportarse?».Camila sintió una breve punzada al recordar a la mujer que solía ser. Había creído que amar a alguien significaba permanecer a su lado en todas las dificultades, incluso cuando era él quien le causaba dolor. Había confundido la resistencia con la lealtad y el silencio con la fortaleza.Nunca volvería a cometer ese error.«Esa mujer pasó años intentando ganarse tu respeto», respondió ella. «Al final se dio cuenta de que estaba perdiendo el tiempo».El rostro de Adrián se ensombreció. «No tienes por qué hablarme así».—Pues deja de venir aquí a decirme lo que puedo y no puedo hacer.Miró hacia la puerta de la oficina al oír pasos que pasaban fuera. Los paneles de cristal ofrecían poca intimidad y podía ver a los empleados moviéndose por el pasillo. Algunos intentaban no mirar en su dirección, pero su interés
«¿Puedes averiguar adónde fue a parar el dinero?», preguntó Camila. «Todavía no. Algunas transferencias pasaron por empresas cuyos servicios reales no están claros. Tendremos que rastrearlas con cuidado». La ira se apoderó de Camila, pero la mantuvo bajo control. Quería respuestas, no suposiciones. Acusar a Adrián sin pruebas solo le daría la oportunidad de darle la vuelta a la situación en su contra. «Conserva todos los registros relevantes», ordenó. «Haz copias seguras y documenta cada transacción. Colabora con mi abogado para obtener cualquier registro adicional que necesitemos. No alteres ni destruyas nada, y no te pongas en contacto con Adrián sobre estos hallazgos hasta que tengamos pruebas suficientes para entender lo que ha pasado». El contable asintió. «Actuaré con cautela». «Bien. Quiero un informe claro, no conjeturas». Después de que él se marchara, Camila se quedó en su escritorio, mirando fijamente los documentos. Tenía que proteger su patrimonio, esclarec
Cuando Camila regresó a casa, estaba agotada por la subasta y la larga lista de decisiones que le esperaban. Lo único que quería era una ducha, una tarde tranquila y descansar lo suficiente para prepararse para el día siguiente.Por desgracia, ver a Carmen y a Sophia sentadas en el salón le indicó que la paz tendría que esperar.Carmen se levantó en cuanto Camila entró. Tenía el rostro tenso por la ira, mientras que Sofía sostenía el móvil en una mano y lo agitaba con impaciencia.—¿Dónde has estado? —preguntó Carmen con tono acusador—. ¿Y qué has hecho exactamente con nuestras cuentas?Camilá cerró la puerta tras de sí. «Buenas noches a vosotras también».—¡No te andes con juegos! —espetó Sophia—. Me rechazaron la tarjeta en el centro comercial. Probé con otra, y tampoco funcionó. Cuando comprobé mi cuenta, no pude acceder al dinero. ¿Tienes idea de lo vergonzoso que fue eso?Camilá dejó su bolso sobre la mesa cercana.«Me lo puedo imaginar».«¿Te lo imaginas?», repitió Sophia, alzan
Damien Cross observó cómo Camila Vale abandonaba la sala de subastas, sin dejar de preguntarse si debía sentirse molesto o impresionado.Aquella mujer acababa de manipular a toda una sala llena de gente adinerada para que creyeran que él era un hombre despiadado al que le gustaba quitarles las cosas a los demás. Lo había hecho sin levantar la voz, sin lanzar acusaciones directas ni siquiera pedirle que dejara de pujar.Simplemente había puesto una mirada lo suficientemente decepcionada como para ganarse su simpatía.Y, de alguna manera, había funcionado.Le había mirado a los ojos, había admitido que lo había manipulado y se había marchado como si acabara de cerrar una transacción comercial cualquiera.«Una mujer interesante», murmuró. Había asistido a la subasta para adquirir varias propiedades destinadas a un nuevo proyecto urbanístico. La finca por cuya compra Camila había luchado tan desesperadamente era una de las pocas que él había considerado que valían la pena. Su ubicación l
Cami apretó con fuerza la paleta de puja y fijó la mirada en el subastador, que acababa de anunciar la última oferta de Damien Cross. El precio ya era más alto de lo que ella tenía pensado pagar, pero Damien permanecía cómodamente sentado en su asiento, con aire de que esos millones de más no significaran absolutamente nada para él. Sabía que era rico, pero verlo pujar por la finca sin la más mínima vacilación era otra cosa. Aquel hombre estaba decidido a quedarse con la propiedad y, claramente, tenía dinero de sobra para asegurarse de conseguirla. Cami volvió a levantar su paleta. —Otra puja de la señora Vale —anunció el subastador. Antes de que pudiera terminar, Damien levantó su paleta. La nueva cantidad provocó murmullos entre varias personas de la sala. Cami miró la cifra que aparecía en la pantalla y apretó los labios. Si seguía compitiendo con él, quizá acabara ganando la finca, pero le quedaría muy poco dinero para renovarla o comprar los suministros que necesitaba antes
Sophía cerró de un portazo la puerta principal con tanta fuerza que el ruido resonó por toda la casa. Tenía los ojos enrojecidos y, con el móvil apretado en una mano, gritaba llamando a su madre.«¡Mamá! ¿Dónde estás? ¡Tienes que hacer algo!»Carmen salió apresuradamente del salón, sobresaltada por el aspecto de su hija. «Sophía, ¿qué te pasa? ¿Por qué gritas?».—¡Mi cuenta! —gritó Sophia, mostrándole el móvil a su madre—. ¡Me han bloqueado la cuenta bancaria! He intentado hacer un pago y me han rechazado la tarjeta. He llamado al banco y me han dicho que no podré acceder a mis fondos hasta nuevo aviso. ¿Qué tontería es esa?Carmen frunció el ceño y cogió el móvil, con la esperanza de que su hija hubiera entendido mal algo. Sin embargo, tras examinar la notificación, inmediatamente buscó su propio bolso.«Eso es imposible. Debe de haber un error».Sacó su móvil y abrió la aplicación bancaria. Cuando intentó acceder a su cuenta, apareció una notificación informándole de que se habían r







