-¿Qué estás haciendo aquí?- dije sorprendida deteniendo mis pasos. Máximo se volteó en cuanto escuchó mi voz y observé sus manos: sostenía mi dibujo, su retrato. Mierda, no. Me acerqué molesta, aunque en realidad lo que sentía era vergüenza, y lo arrebaté de sus dedos. Lo dejé nuevamente en el escritorio, junto a la manzana que había mordido. Lo observé fijamente y noté que estaba asombrado. Y cómo no, había descubierto que él era mi inspiración. -¿Qué haces aquí Máximo?- ins
آخر تحديث : 2021-08-12 اقرأ المزيد