El eco de la realidad, sordo y lejano, se estrellaba contra las gruesas paredes de la pequeña sala de espera, pero dentro de este refugio improvisado el tiempo se había detenido, fracturado por la urgencia de un deseo que ninguna regla hospitalaria ni contrato social lograba contener.Las manos de Miller Connor, firmes, imperativas y calientes, se deslizaron con una seguridad absoluta por mi cintura, ignorando por completo los metros de tul, la costosa estructura del vestido de novia y el hecho indiscutible de que, en menos de diez minutos, las puertas de la catedral se abrirían de par en par.Sin apartar sus labios de los míos, con un movimiento ágil y sin esfuerzo, me levantó en vilo del suelo. La larga cola de satén blanco se deslizó pesadamente sobre la alfombra mientras me giraba y me llevaba hacia el pequeño sofá de cuero oscuro ubicado en una esquina de la estancia. Me sentó de golpe sobre su regazo, encajando mi cuerpo con una precisión milimétrica que hizo que las capas de la
Última atualização : 2021-10-15 Ler mais