Tercera Persona.Las doce horas no empezaron con una alarma. Empezaron con el cierre de cinco portones y el silencio de cinco cristales que, de pronto, mostraron barro, bosque, ruina y costa al mismo tiempo.En el territorio del norte, Santino Alexios repartió a sus diez antes de que el primer ataque cayera. No gritó. Solo señaló.—Dos en la loma —dijo, sin levantar la voz—. Tres en el cauce. El resto, conmigo.La sanadora Katherina, la cual era su madre, quedó en el centro con los heridos que todavía no existían.—Hijo, si esto se complica, no esperes a que te lo pida. Retírame cuando haga falta —le advirtió ella, revisando sus vendas por última vez.—No va a complicarse —respondió Santino, sin mirarla, los ojos fijos en la loma.Cuando la unidad de élite de la Guardia Real rompió la línea este disfrazada de rogues, Santino no persiguió la gloria. Cerró el círculo alrededor del más joven de sus hombres, un rastreador de diecisiete años que había tropezado, y aguantó el golpe en el ho
Dernière mise à jour : 2026-10-09 Read More