La sala olía a papel viejo, a plástico recalentado por los monitores y a ese aroma agrio del sudor frío que Valerio soltaba en gotas diminutas sobre el borde pulido de la mesa. Estaba sentado en una silla de cuero ergonómica, demasiado grande para sus hombros encorvados, con las manos entrelazadas con tal rigidez que los nudillos parecían marfil.Luisa no se había sentado. Iba y venía con pasos lentos, el sastre oscuro rozando apenas el borde de la alfombra, proyectando una sombra uniforme que cortaba los documentos esparcidos sobre el cristal. Dominique permanecía apoyado contra la puerta cerrada, los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada fija en las sienes del burócrata. Conocía bien los gestos del pánico: el parpadeo demasiado rápido, el micromovimiento del cuello al tragar saliva, la necesidad desesperada de ganar segundos buscando una mentira convincente.—Se te acaba el aire, Valerio —dijo Luisa. Su voz no era un grito, sino un tono bajo, casi conversational, que cortaba la
Last Updated : 2026-08-20 Read more