El aire en la mansión nunca se movía por voluntad propia. Lo empujaban conductos de ventilación ocultos tras molduras de yeso dorado, un zumbido constante, sutil como un tinnitus, que filtraba cualquier rastro de la intemperie hasta dejarlo reducido a una sequedad estéril de hospital de lujo. Aquí la belleza era un castigo arquitectónico: techos de cuatro metros con frescos restaurados que representaban batallas antiguas de la Manada, columnas de mármol veteado tan pulido que devolvía un reflejo fantasmal, y una simetría tan absoluta que provocaba náuseas si uno se quedaba mirando los puntos de fuga demasiado tiempo.Luisa caminaba por el corredor oeste contando los pasos. Doce, trece, catorce. En las esquinas superiores, los domos de cristal negro de las cámaras giraban con un clic casi imperceptible, un tic-tac mecánico que medía la docilidad de los pasillos. Cada baldosa de mármol negro respondía al peso con un sonido hueco, sordo, como si debajo de los cimientos no hubiera tierra,
Last Updated : 2024-09-01 Read more