El verano llegó con una explosión de vida que parecía celebrar la nueva familia. Nicolai tenía tres meses, y sus ojos azules, los de Andrey, seguían cada movimiento de su hermana mayor con una fascinación que solo los bebés poseen. Irina, que acababa de cumplir cuatro años, se había autoproclamado "la jefa de su hermanito", y pasaba horas sentada junto a su cuna, cantándole canciones inventadas y contándole historias que mezclaban personajes de cuentos con miembros de la familia.—Y entonces el General dijo: "Miau", y el dragón se asustó y se fue volando —le decía, muy seria, mientras Nicolai la miraba con sus grandes ojos azules.Brany los observaba desde la puerta, con el corazón tan lleno que a veces le dolía. Era una vida sencilla, de rutinas y pequeños milagros, y no la cambiaría por nada.Andrey había empezado a trabajar en la fundación que había soñado, una organización dedicada a niños que habían perdido a sus padres. No era un imperio, no era un negocio, pero era algo que imp
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-22 Mehr lesen