Me quedé callada todo el tiempo. Dejé que se burlara de mí todo lo que quisiera. En ese momento, lo único que deseaba era que me entregara a Waylon.Prefería irme con Waylon; al menos sus intenciones eran claras: solo buscaba pasarla bien y, además, era fácil de manejar. Si me compraba, a lo mucho me usaría para negociar con Mateo. En cambio, Jeison era demasiado misterioso; no tenía idea de qué quería en serio.Además, Jeison me odiaba. Tal vez algún día iba a perder la cabeza y les iba a ordenar otra vez a esos hombres que me humillaran. Estar al lado de Jeison era, sin duda, mucho más peligroso que estar con Waylon.—¿Entonces, señor Alboni? Ponga un precio —insistió Waylon.Mientras yo pensaba en eso, Jeison se apoyó en la ventana y, con una sonrisa tranquila, dijo:—Me temo que no te la puedo vender. Está embarazada y, de ahora en adelante, se va a quedar conmigo hasta que nazca el bebé.Apenas dijo eso, Waylon y Henry abrieron los ojos de par en par, sorprendidos, y me miraron al
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