Las botas negras pisaron las hojas secas del suelo y se escuchó un suave "shh, shh".Mateo miró fijamente, intentando ver bien cómo era esa persona.Pero la luz era muy baja y, además, enfrente había enredaderas densas que no dejaban ver, así que, por más que mirara, solo alcanzaba a ver una sombra borrosa.—¿Quién eres tú? ¿Cómo te atreves a entrar aquí?—¿Qué tanto alboroto es ese?Apenas terminó de regañar el guardaespaldas, esa persona dejó escapar una risa relajada, aunque en su tono se notaba una autoridad que nadie podía contradecir.Mateo se paralizó.Esa voz...¿Waylon?Rápido, las luces de las linternas de los guardias alumbraron la cara del recién llegado.Ahora Mateo lo vio claro: de verdad era Waylon.El hombre, burlándose un poco, miraba a los guardaespaldas con tranquilidad.—Se... señor Dupuis...Cuando lo reconocieron, la actitud de los guardias cambió rápido y se volvió mucho más respetuosa.Waylon tenía un cigarrillo entre los dedos.Fumó un poco, sacó el humo en for
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