Los proyectiles improvisados —un jarrón de porcelana, un libro de tapa dura, un portarretratos— surcaban el espacio con silbidos violentos. Castiel no se inmutaba. Con una agilidad casi insultante, ladeaba la cabeza o movía el torso apenas unos centímetros, dejando que los objetos se hicieran añicos contra la pared a sus espaldas. Cada estruendo alimentaba la furia de Yestin. Sus manos temblaban, no de miedo, sino de una rabia líquida que le quemaba las venas. Cuando se quedó sin nada más que lanzar, incluso habiendo sacrificado sus propios zapatos en el ataque, se detuvo jadeando. Sus ojos castaños ardían mientras buscaban los de él. Castiel estaba allí, apoyado con una elegancia depredadora, observándola con una sonrisa ladina que no llegaba a sus ojos fríos. Para él, esto no era una tragedia; era un espectáculo de entretenimiento privado. —¡Largo! —gritó ella, y su voz se quebró, no por debilidad, sino por el asco que sentía de sí misma. ¿Cómo pudo ser tan estúpida? ¿Cómo pudo ve
Last Updated : 2025-11-15 Read more