La preocupación y el miedo reflejados en la cara de Alicia eran completamente reales. No se trataba de una simple exageración.Alfredo le había ofrecido ese trato en su momento y ella, gracias al dinero recibido, había sido capaz de liquidar la deuda de su padre. Eso demostraba que la relación de "conveniencia" mutua entre ambos seguía vigente.En teoría, si ella quería irse, podría haberlo hecho por su propia cuenta. Después de todo, ya había cumplido con la misión encomendada de aproximarse a César y la gente se había tragado el anzuelo. Para los intereses actuales de Alfredo, ella ya no tenía ninguna utilidad práctica.Sin embargo, el hecho de que hubiera ido a suplicarle ayuda… Era evidente que Alfredo no tenía la intención de dejarla ir, y ella temía que, si intentaba escapar, él tomara represalias en su contra. Para una persona común, sin una pizca de poder ni influencias en la sociedad… era normal sentir miedo.—Señorita Rojas, soy consciente de que le estoy pidiendo demasiado,
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