El público intercambió miradas de desconcierto. Elena asintió con fervor, pero Ricardo, con las manos apretadas, murmuró:—Esto es un desastre. ¿Dónde está Leonela?Cassandra, oliendo la victoria, alzó la barbilla, su sonrisa una daga envuelta en seda.—Leonela no está porque tiene resaca —siseó Elena, su tono destilando desprecio.En la última fila, Enrique miraba su reloj, la ansiedad royéndole las entrañas como un lobo hambriento. La escena del clericot relució en su mente: la sonrisa venenosa de Isadora, el brillo malicioso en sus ojos al insistir en prepararlo.Por la tarde, la casa olía a limón recién cortado y a algo más dulce, casi empalagoso. Isadora había aparecido en la cocina sin que nadie la llamara, con una sonrisa que no llegaba a los ojos y una jarra de vidrio en las manos. La bebida, pensó, y sin dudarlo, salió corriendo hacia la casa, su corazón latiendo como un tambor de guerra.En la habitación de Leonela, el caos era un huracán. Ella, desesperada, revolvía un armar
Última actualización : 2025-06-20 Leer más