Sofía apretó los dientes. Intentó quitarse el edredón para levantarse, pero no tenía fuerzas. Entonces notó otro detalle: habían cambiado las sábanas. “Espera… ¿cuándo las cambiaron?” No se acordaba.Un momento después, se puso roja.Se acordó de por qué las habían cambiado.Jaló el edredón y se tapó la cara.Wendy tenía razón: cuando llega el momento, uno pierde el control de verdad…En realidad, cuando hablaba con Wendy, Sofía tenía claro que, en el pasado, cuando lo hacía de verdad, no había sentido ningún placer; pero en la noche… se vino varias veces.No.No podía seguir pensando en eso.Por suerte, Alejandro no estaba en la cama ni en el cuarto. Era mejor levantarse rápido, vestirse y salir a desayunar como siempre, con total naturalidad.Justo cuando logró sentarse y levantar el edredón, la puerta del cuarto se abrió. Sofía, que siempre escondía lo que siente, se asustó y se le notó en la cara.—¿Quién es?Un instante después apareció Alejandro.Él no llevaba pijama, sino ropa
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