Sebastián apretó los puños. —¡Papá, esto definitivamente es obra de alguien que quiere perjudicarme, aprovechando la situación para causar problemas! Esta Carolina es una amiga mía, ella quedó sin padres, y como no se sentía bien, yo, como amigo de toda la vida, la acompañé al hospital. ¡No fui solo yo, también estaban otros dos amigos!Carlos lo miró de reojo.Esa mirada hizo que Sebastián se sintiera culpable por dentro.Después de todo, ayer mismo Carlos le había ordenado que hiciera abortar a Carolina.¡Los demás podían creer esa excusa, pero a él jamás!En ese momento, Sebastián no solo sentía pánico, sino también vergüenza, sintiendo que no podía levantar la cabeza.—Basta —dijo Carlos—. Señores, sírvanse con libertad.Al oír esto, los invitados se apresuraron a decir: —Ya es tarde, nos retiramos. ¡Gracias por su hospitalidad, Señor Herrera!Llevaban allí varias horas, realmente era hora de irse.Poco a poco, todos se marcharon y las limusinas fueron saliendo de la residencia H
Leer más