Sonó la línea interna de la residencia de los Herrera. Bob se sorprendió: —¿Qué... qué?Los guardias de seguridad en la entrada dijeron que había llegado una enorme cantidad de gente de la familia Castro.A plena mañana, ¿qué se suponía que estaban haciendo?Al recibir la noticia, Carlos, que estaba descansando en casa, apareció de inmediato, seguido por la Señora Herrera, Carmen.Cinco minutos después, los miembros de la familia Castro entraron uno tras otro.La Señora Herrera, sorprendida, dijo: —Señores, ¿qué los trae por aquí tan de repente? Por favor, tomen asiento.—Sirvan café, fruta y bocadillos.Carlos notó los objetos que los empleados de los Castro llevaban afuera. Sus ojos reflejaron comprensión. Le dio una mirada significativa a su esposa y murmuró: —Dile a Valeria que no baje.La Señora Herrera también entendió rápidamente y subió las escaleras.El abuelo Castro, Víctor, había convocado a todos los miembros de la familia. Era una multitud considerable, una escena imp
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