Su sinceridad dejó a Valeria conmovida, e incluso se sintió un poco inferior... Porque ella misma no podía hacerle una promesa así a Eduardo.Valeria guardó silencio un buen rato. Quizás, movida por un deseo de proteger a otra mujer que era sincera, dijo: —Mi hermano... él es un poco complicado. Pero lo que sí sé es que si le desagradaras, no podrías contactarlo ahora.Isabella parpadeó, confundida.Valeria, viendo su expresión perdida, sintió ganas de reír. —Puedes decírselo directamente, sin rodeos, y dejar que él elija. Si te rechaza, será falta de afinidad. Si duda siquiera un poco... entonces hazte desaparecer.—¿Desaparecer?—Mi hermano... en asuntos de sentimientos, si no lo presionas un poco, no suele tomar la iniciativa.¡Isabella lo entendió perfectamente! Al fin y al cabo, Vicente era el hijo de una familia influyente de la Capital. Era normal darle un poco de respeto y admiración.—¡Te creo! —dijo Isabella con total seriedad, brindando con Valeria.Y así, esa noche, las
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