Pero Mónica aún no podía odiarlo por completo.Después de todo, después de Eduardo, Andrés fue la segunda persona que le hizo latir el corazón.Incluso podría decirse que, en la felicidad de su matrimonio, el amor que Mónica sentía por Andrés era un torrente arrollador, tan vasto como los mares, que transformaba cualquier otro sentimiento en una dulzura entregada por completo a él.Desde la perspectiva de Mónica, eso ya era amor.Pero para la gran mayoría, la realidad era que Mónica no había dado nada a cambio, ofreciendo solo esa ternura sin valor, a cambio de la sumisión absoluta y la riqueza incalculable de Andrés.Esa equivalencia nunca existió.Tal vez el error de base estaba en la comprensión misma de Mónica.En su mente, si ella daba algo, ya había equidad, sin importar qué fuera lo que diera.Como con el asunto del Señor Flores. Aunque Mónica encontraba repugnante la conducta de su padre, cuando se enfrentaba a Regina, pensaba que la miel atraería a las moscas.¿Por qué diablos
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