—Tienes que irte. Si no, aunque logre cubrirte, la familia Jiménez no te va a perdonar. Mateo sigue en casa de mi mamá, hazlo por él. Yo me encargo de que tengas todo arreglado.Mientras hablaba, Alejandro ya estaba empacando por su cuenta las cosas de Laura, sin dejarle margen alguno para negarse.Laura tenía muchas pertenencias, pero Alejandro solo metió en la maleta lo indispensable, ropa básica y documentos importantes.Durante todo el camino, Laura no dejó de limpiarse las lágrimas, pero dijera lo que dijera, Alejandro no volvió a responderle.Esta vez, ya había tomado la decisión de enviarla lejos.Al llegar al aeropuerto, Alejandro le compró en el momento un pasaje a un país vecino que no requería visa.—Ve primero a esconderte un tiempo. Haré que alguien te ayude con la solicitud de visa y con la escuela. Te mandaré a estudiar afuera. Después de que pase un tiempo, Mateo se reunirá contigo.—¿Y si me voy así y luego ya no puedo volver al país? —preguntó Laura, todavía con un po
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