Al escuchar su respuesta tan directa, Camila sintió que las orejas le ardían.Esas prendas habían aparecido en su cajón de ropa interior sin que ella supiera quién las había puesto, después de que Gabriel revisara su armario en varias ocasiones.Eran bastante atrevidas.Llegó a pensar que quizás los habían comprado la abuela Torres o Nora, pero pensándolo bien, las dos eran mujeres bastante sobrias. No se las imaginaba añadiendo ese tipo de cosas a su vida íntima.Ahora que lo pensaba bien, ¿sería que Gabriel tenía realmente esa clase de gustos?Con razón cada vez que él le alcanzaba la ropa interior al salir del baño, siempre terminaba eligiendo esos conjuntos.Camila siempre los volvía a cambiar.En casa ni siquiera se atrevía a usarlos.Pero al ver la mirada suplicante de Gabriel, al final cedió, y solo llevaron un conjunto de ese estilo.Camila giró la cabeza, colorada:—Gabriel, en serio eres muy, muy descarado.—¿Ah, sí? —dijo él, sin inmutarse, mirando el conjunto que por fin ha
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