Marina, sin resignarse, agarró con fuerza el brazo de su hijo. Alejandro bajó la cabeza y, aun así, fue soltándose poco a poco de su mano.Miró a su padre con culpa, pero Julián ya no volvió a mirarlo.La llamada se cortó de inmediato.Julián solo pudo quedarse ahí, viendo cómo Alejandro salía corriendo a buscarla.No pasó mucho tiempo antes de que Alejandro regresara con Laura a la residencia de la familia Jiménez.Después de tantos años, la vieja mansión seguía exactamente igual que antes.Laura se quitó la gorra, el cabello revuelto le cayó sobre los hombros. Se lo acomodó con calma y, de forma deliberada, enderezó la espalda.Cuando había sido la tutora particular de Alejandro, también había entrado por esa misma puerta principal, tomada de su mano.Pero en aquel entonces, el rostro de Alejandro estaba lleno de alegría, y toda la familia Jiménez la había recibido con entusiasmo.No como ahora, con un ambiente tan opresivo.Alejandro caminaba en silencio, incómodo. El desagrado y la
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