Al escuchar estas palabras, todos se quedaron en silencio.Se miraron entre sí, como si hubieran entendido algo, y algunos miraron a Valentina sin saber si debían hablar o no.Unos segundos después, alguien se apresuró a decir:—¡Claro que sí, no se preocupe, Señor Leonardo!Valentina se sonrojó de golpe.—Leonardo, quiero decir, Señor Leonardo, no es eso. Ellos no me pidieron que trajera los cafés, yo fui la que los invitó. Y, tampoco es que me hayan obligado a cargar todo esto yo sola, fui yo la que insistió en hacerlo.La gente del departamento de investigación y desarrollo era muy amable con Valentina. No sabía si era porque Camila les había pedido el favor o si simplemente eran así de atentos por naturaleza.La trataban como si fuera la menor del grupo. Desde su primer día, la habían recibido con un montón de regalitos muy lindos. Al principio, había muchas cosas del trabajo que no entendía y le daba pena preguntar, pero ellos, con mucha paciencia, se tomaron el tiempo de explicar
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