—¡Ay!Carolina gritó, asustada, aferrándose a mi cuello con fuerza, mientras todo el peso de su cuerpo caía sobre mí.Al siguiente instante, nuestros ojos se encontraron.La distancia entre nosotros era de apenas unos centímetro, y nuestro aliento se rozaba suavemente en los rostros.Carolina se quedó paralizada unos segundos.Cuando reaccionó, su rostro perfecto se sonrojó de inmediato, rojo como un tomate maduro.—¡Marcos! ¡Lo hiciste a propósito!—¡Te estás aprovechando!Carolina, llena de vergüenza, lanzó ese reclamo coqueto, se enderezó rápidamente y soltó mi cuello.Pero en cuestión de segundos, volvió a tambalearse levemente debido al esguince de tobillo.Me apresuré a sostenerla, sin saber si reír o llorar. —Fue un reflejo, sí. Pero luego fuiste tú quien me abrazó. ¿Cómo va a ser aprovecharme?—¡Da igual! Tú tienes la culpa de todo...—¡Ustedes, hombres, son todos unos mentirosos!Carolina, sin poder explicarse bien, refunfuñó con el rostro encendido, pero el ceño no dejaba de
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