—¡Marcos, esto entre nosotros no ha terminado!—Si tienes agallas, no huyas. ¡Cuando vuelva, verás la brecha entre nosotros!Dicho esto, César, a su lado, habló con tono sereno. —Alonso, ya sabes que hay una brecha entre él y tú. ¿Para qué tomarlo tan a pecho?—Tú estás destinado a la alta sociedad. No pierdas tiempo con gente común.—Si de verdad quieres hundirlo, ¿no hay mil formas?Al oírlo, los ojos de Alonso brillaron. —Sí, papá, tienes razón.—Acabar con un don nadie sin dinero es pan comido.—Exacto. Concéntrate en el gran empresario. Eso es lo importante.César me lanzó una mirada de reojo. Soltó una risa burlona. —¿Qué persona exitosa se fija en una cucaracha a sus pies?Padre e hijo, se pusieron de acuerdo, con indirectas y desprecio, me rebajaron al polvo antes de salir del salón.—¡Esto ya es el colmo!—¿Por tener un hotel en el pueblo se creen dioses? Marcos, no les hagas caso. Mejor nos vamos, esta cena no vale la pena.Pablo golpeó la mesa y se puso de pie, la cara llena
Read more