—Florencia está en el primer trimestre, que es cuando más cuidados necesita. ¿Cómo puedes abandonarla así, encima con tus propias heridas, para irte quién sabe dónde?Apenas contestó, Alejandro oyó la voz de Victoria, con un tono entre el reproche y la felicidad.En el historial del celular de Sofía también había visto los mensajes entre su madre y ella, y había notado cómo Victoria la había culpado. Durante años no le había parecido nada del otro mundo. Al fin y al cabo, era solo una suegra exigiéndole a su nuera. Pero ahora, sin saber bien por qué, algo dentro de él se revolvió.—Sofía tuvo un accidente —dijo.Al fin y al cabo, era su madre. Alejandro hizo todo lo posible por mantenerse tranquilo.Victoria se había enterado hacía un rato. Le dio pena, pero solo hasta cierto punto, porque la alegría del embarazo de Florencia enseguida superó todo lo demás.—Ya me enteré —dijo—. Pero esto no es culpa tuya. Hiciste todo lo que estaba en tus manos. Si hay que culpar a algo, que sea a su
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