Bera frunció el ceño, tomando del brazo a Natalia y retrocediendo unos pasos:—Si te ayudamos o no, déjalo, al menos debes decirnos quién eres.—Bera.Al ver a la mujer de mediana edad llorar sin parar, Natalia supo que allí no obtendrían respuestas. Extendió la mano para ayudarla a levantarse.—Señora, primero cálmese, hable de lo que pasa con calma.La mujer, como si hubiera agarrado su última esperanza, le rogó a Natalia que la ayudara.Fueron a una cafetería cercana. Apenas se sentaron, la mujer, entre lágrimas, comenzó a contarles su desgracia.—Me llamo Aurora, llevo muchos años casada. —Mi esposo y yo empezamos desde cero. —En más de diez años, su negocio fue mejorando cada vez más, ganaba más y más dinero. —Pensé que por fin llegarían nuestros buenos días, pero...Se atragantó y no pudo continuar.Natalia más o menos adivinó el final.No la interrumpió, sino que le alcanzó un pañuelo.Aurora lo tomó agradecida. Se secó las lágrimas y continuó:—Hace dos meses, mi esposo ll
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