Llamó a Natalia, pero ella no respondió.Mientras Polo, con el ceño fruncido, se disponía a marcar de nuevo, Andrés no pudo evitar recordarle:—Señor, ya es muy tarde. —Es probable que la Srta. Cantú ya se haya acostado, ¿por qué no la llama mañana?—No, no me quedo tranquilo.Desde que Natalia había sido agredida la última vez, Polo estaba muy preocupado por su seguridad.Pensándolo bien y dándole vueltas, seguía intranquilo.—Vamos, vamos al hotel donde se hospeda Natalia.—¿Ahora? Andrés se quedó atónito:—Pero si ya es muy de noche.De repente, sus ojos brillaron con una idea:—Sé que usted está preocupado por la señorita Cantú. —Como no contesta su celular, ¿qué tal si llamamos a la recepción del hotel para preguntar si llegó sana y salida?—Señor, en un lugar público como un hotel, incluso si alguien tuviera malas intenciones, primero tendría que encontrar el momento oportuno.Al oír eso, Polo aminoró el paso.Al ver que había abandonado la idea de ir a buscar a Natalia a medi
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