—¿Te has vuelto loco?La cabeza de Rosa, ya mareada, ahora se sentía aún más aturdida, y habló con mayor audacia:—¿Una casa que vale millones, y se las das así a Natalia? —Polo, ¿acaso olvidaste tu apellido? ¿No temes que tu padre te quite tus privilegios?Al escuchar esto, Polo se quedó.Sin saber en qué pensó, de repente apretó los puños, y la luz en sus ojos se atenuó un poco.—Me apellido López, y lo que tengo a mi nombre tampoco se apellida Hernández.Un momento después, continuó con voz helada:—Es solo una casa. —En el futuro, solo le daré más.Al salir de la habitación del hospital, lo primero que hizo Polo fue ordenar a Andrés que llevara a Rosa a las afueras de la ciudad.—Señor, esto no es muy apropiado, ¿verdad? La señora aún no se ha recuperado.—Precisamente porque no se ha recuperado, debe ir a un lugar tranquilo, sin interrupciones, para descansar bien.La voz de Polo era fría:—Cuando la abuela despierte, mandaremos a alguien a traerla de vuelta.Su abuela llevaba m
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