Los meses posteriores a mi partida fueron los más oscuros en la vida de Alexander. Dentro de la empresa, Chloe se convirtió en testigo de cargo y se lanzó contra él como una fiera para salvar su propio pellejo. Por fuera, Hacienda y la Comisión de Bolsa y Valores estaban desmenuzando sus finanzas. Y en casa, se quedó solo lidiando con dos hijos maleducados e inseguros que le tenían terror al mundo.Debido al escándalo, Leo y Mía eran los apestados en su exclusivo colegio privado.—¡Tu papá es una basura!—¡Su mamá los dejó botados!Cuando llegaban a casa, le gritaban a Alexander, tirando sus mochilas de marca al suelo enfurecidos.—¡Todo es tu culpa! ¡Si mi mamá estuviera aquí, no dejaría que nos molestaran! ¡Habría ido a la dirección y los habría acabado a todos!Alexander miró a los niños que sollozaban y no supo qué decir. Solo se aguantó. Se dio cuenta de que, cuando yo estaba ahí, había sido un escudo que protegía tanto a sus hijos que ellos nunca habían sentido ni una gota de llu
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