Aquella mañana, toda la familia estaba desayunando junta.Sofía platicaba con Mauricio y los hacía reír a carcajadas.Thiago, en brazos de Jimena, se reía tanto que hasta parecía querer hablar.El ambiente era cálido, feliz, lleno de armonía.Julieta no pudo evitar sonreír.En ese momento, la empleada entró al comedor.—Señora Julieta, le está sonando el celular.Julieta fue hasta la sala, sacó el celular de su bolsa y vio que era Mariana.Contestó.Pero apenas escuchó lo que le decían, el rostro se le transformó.—Voy para allá de inmediato.Colgó y regresó al comedor.—Papá, mamá, surgió una urgencia en la empresa. Tengo que irme ahora mismo. Mamá, ¿puedes llevar luego a Sofía al kínder?Al verla tan apresurada, Mauricio y Jimena no hicieron preguntas.Sofía se despidió enseguida.—Mamá, maneja con cuidado.Julieta asintió, le dio un beso en la frente y salió rumbo al carro.Justo cuando cruzaba la entrada del fraccionamiento, al otro lado de la calle había un sedán blanco estacionad
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