Héctor miró a Jairo, que iba en el asiento del copiloto, y dijo con voz grave:—Las cosas todavía no han llegado a un punto sin solución. Aún queda mucho camino por recorrer.Jairo contemplaba a través del parabrisas el carro que iba delante de ellos. Su expresión era rígida y ausente. No respondió.Héctor mantuvo la vista al frente y continuó:—Debiste imaginar que este día llegaría tarde o temprano. Ahora que ya ocurrió, tienes que enfrentarlo y encontrar una solución. Quedarte así no va a cambiar nada.Después de un momento, Jairo habló:—A veces de verdad envidio lo frío y decidido que puedes ser. Me pregunto si, el día que Sofía te odie, también serás capaz de decir todo eso con tanta calma.De pronto, soltó una risa y añadió:—Claro, seguramente volverás a decir que no te gustan las suposiciones y que todo estará siempre bajo tu control. Por eso jamás podrías entender cómo me siento ahora.Héctor apretó el volante y siguió mirando al frente con expresión sombría, sin responder.
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