Teresa se acercó a la cama y, al ver lo mucho que había adelgazado Julieta, preguntó con aparente preocupación:—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?Julieta la miró con frialdad.—Sal de aquí.Teresa no mostró ninguna intención de irse y siguió fingiendo preocupación.—¿Estás embarazada?—No es asunto tuyo. Te lo voy a decir una vez más: lárgate.Teresa sonrió, aunque en sus ojos no había el menor rastro de alegría.—El bebé debe ser de Héctor, ¿verdad? Tú estás aquí sola, embarazada y recibiendo suero, mientras él anda en el extranjero retomando lo suyo con Adriana. La verdad, aunque tengas tanta gente a tu alrededor, sigo pensando que das lástima. Al final, nunca has sabido conservar tu propia felicidad.Julieta no quería perder el tiempo discutiendo con ella, así que llamó a Pedro.Él estaba esperando en el estacionamiento del hospital, listo para llevarla de regreso en cualquier momento.—Sube un momento.Julieta dejó el celular a un lado, cerró los ojos y dejó de prestarle atención a T
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