El sábado por la mañana, Noelia manejó con Cecilia hasta Montelargo. Sin decirle nada a Marcos, Noelia ya le había sonsacado a Tomás el horario de la reunión. Saldrían a las cuatro de la tarde. Perfecto, tiempo suficiente para pasar primero al Museo de Historia Natural con la niña.Por la tarde, se dieron una vuelta por el museo, se sacaron fotos y, poco antes de las cuatro, se instalaron a esperar frente al edificio de la oficina. Era la primera vez que Cecilia iba por allá. Miró asombrada el enorme rascacielos y preguntó:—Mami, ¿mi papi trabaja ahí adentro?—Sí, mi amor.—¿Y a qué hora va a salir?Noelia revisó la hora. Ya eran las cuatro y cinco.—Ya no ha de tardar —respondió ella, con la vista fija en la puerta.Apenas terminó de hablar, vio aparecer a Marcos junto a Tomás y un grupo de clientes. En cuanto Cecilia lo vio, estuvo a punto de gritar de la pura emoción, pero Noelia le hizo una seña para que se quedara quietecita.—Espera un momento, cielo. Deja que tu papi termine
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