Por la noche, Leandro la llamó de imprevisto. Alicia contestó con un hilo de voz, pero sonaba tan ronca que él pensó por un momento que se había equivocado de número. Durante los segundos en que él verificaba la pantalla, Alicia volvió a hablar:—¿Qué pasa?Él rara vez la llamaba cuando estaba de viaje de negocios, así que ella pensó que debía tratarse de algo urgente. Sin embargo, Leandro solo dijo:—Nada, solo quería saber cómo estabas.Alicia se sentía fatal y no tenía la menor intención de platicar:—Si no pasa nada importante, voy a colgar.—Espera, ¿estás enferma? ¿Es un resfriado?—Sí.—¿Fuiste al doctor?—Sí.—¿Y qué te dijo?—Dijo que no me voy a morir.Leandro intentó sacarle más plática, pero Alicia tenía la cabeza tan pesada que ni siquiera escuchaba con claridad. Le dio el avión con un par de palabras y colgó. En realidad le había vuelto a subir la fiebre, aunque esta vez era baja. Alicia se tomó las pastillas, se tomó dos vasos de agua al tiempo y se quedó dormida otr
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