Aunque Alicia no quería saber nada más de Leandro, dadas las circunstancias le era imposible negarse:—Abuela, por supuesto que me voy a quedar.Los ojos de Lucía se iluminaron de golpe y en sus labios se dibujó una sonrisa de tranquilidad, débil pero llena de satisfacción:—Qué bueno... qué bueno...—Abuela, ya es tarde, descansa por ahora. El médico y los demás se van a quedar aquí en la casa esta noche, así que duerme tranquila.—Está bien, vayan a descansar ustedes también.***Leandro y Alicia regresaron juntos a la habitación principal, ubicada justo en el centro de la segunda planta. Esa habitación era su espacio como pareja y, a pesar de que la usaban muy poco, el personal de servicio la limpiaba a diario, por lo que lucía amplia, impecable y ordenada.Ambos entraron al cuarto uno detrás del otro. En cuanto la puerta se cerró, Leandro rompió el silencio:—Mi abuela no puede llevarse ningún disgusto en este momento. El asunto del divorcio se pospone por ahora.Alicia levantó la
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