—Deja de beber.Alicia levantó la cabeza, completamente desorientada:—No estoy borracha, todavía puedo tomar otr...Antes de que lograra terminar la frase, el cuerpo no le respondió y se fue de lado, pero Leandro la cachó en el aire y la sostuvo con fuerza entre sus brazos.—Ya fue suficiente por hoy, te voy a llevar a casa.—No me quiero ir... quiero seguir tomando aquí...Leandro suspiró con resignación, la cargó en brazos y salió del restaurante. Como ambos habían tomado, el chofer se encargó de manejar. Durante todo el camino, Alicia se quedó bien pegadita al pecho de Leandro, acurrucada como una niña, frotando la cabeza una y otra vez contra su cuello hasta que se quedó profundamente dormida.Al regresar a la casa, Leandro la bajó del auto en brazos y, justo en ese instante, ella entreabrió los ojos, adormilada.—¿Quieres tomar más? —preguntó ella, adormilada.—No, ya no. Ya llegamos a casa —dijo Leandro.En la sala, Lucía seguía despierta. En cuanto vio a Alicia con las mejill
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