Eso era lo que él temía, y por eso prefería cargar con su resentimiento antes que dejar que se enterara, pero al final, lo descubrió.—Vanessa, no es así; la muerte de tu mamá no tuvo nada que ver contigo…Rafael contuvo el dolor y trató de calmarla.—En ese entonces eras muy pequeña; no te puedes culpar por eso. Fue un accidente, nadie quería que pasara.Rafael la abrazó con fuerza, intentando hacerla entrar en razón. Pero Vanessa, en ese momento, no podía escuchar nada; se había hundido en una tristeza tan profunda que lloraba sin poder contenerse.—¿Qué…? ¿Qué quieres que haga ahora? Mi mamá por mi culpa murió, y ahora hasta el abuelo terminó en el hospital por mi culpa, y tú hiciste tanto por mí… ¡Entonces yo… yo soy una desgracia para todos!Vanessa, deshecha de dolor, le golpeaba el pecho con todas sus fuerzas. La aguja del suero se zafó y la sangre brotó. Pero ella ni siquiera sintió el dolor. Al verlo, Rafael se apresuró a presionar la herida para detener el sangrado, con pena,
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