Vanessa se disponía a subir al auto, cuando una persona apurada corrió hacia ella.—Vanessa...La voz le resultó familiar, urgente. Detuvo su movimiento y se volvió para mirar.Era Itzel, que se acercaba corriendo; Daniel la interceptó.—¡Deténgase! No se acerque tanto. Si tiene algo que decir, dígalo.Él borró la sonrisa y adoptó una seriedad con el mismo aire imponente de Roberto. Después de todo, era su asistente.—Vanessa, tengo que decirte algo. ¿Me das diez minutos? —Itzel se veía demacrada, sin rastro del brillo y la elegancia de estrella que antes lucía.Vanessa lo comprendió y decidió darle una oportunidad.—Bien, habla.Daniel, preocupado por su seguridad, se mantuvo a su lado. Itzel todavía titubeaba.—¿Qué quieres decirme? Si no quieres hablar, me voy.—No, espera, ya te lo digo.Bajó la cabeza y se disculpó.—Perdóname, por favor. Dame una oportunidad de enmendarme. Estos días he pensado en lo que hice y me he arrepentido muchísimo. No debí ensuciar tu nombre en la fiesta.
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