Sin embargo, en su cara se reflejaba una melancolía que no lograba disipar.—¿Por qué no estás durmiendo? —Rafael se acostó a su lado y se volteó hacia ella—. ¿En qué piensas?Vanessa respondió con evasivas:—Tuve unos problemas con el guion, pero puedo resolverlos.—Confío en ti —dijo Rafael en voz baja, con una mirada de ternura—. Si me necesitas para algo, solo dímelo.Vanessa sintió que él sabía algo, pero luego pensó que era poco probable. Al encontrarse con sus ojos gentiles, su corazón frío se entibió un poco.—Lo sé, Rafael —dijo ella.Pero, en el fondo, prefería resolver este asunto por su cuenta.***Pasó el fin de semana.El lunes por la mañana, Vanessa regresó a la oficina para ver a Gonzalo. En la sala de juntas, además de Gonzalo y el director Ibarra, se encontraba un par de cínicos indeseables: Alexis y Natalia.Era una escena diseñada para amedrentarla. Vanessa los recorrió con una mirada fría y sonrió despectiva.—¿Qué significa esto?Gonzalo, con aire de superioridad,
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