El último día de septiembre se despidió con un atardecer memorable. El sol descendía hacia el horizonte en un espectáculo de luces doradas, rojas y carmesí que pintaban el mar y el cielo con un resplandor eterno. La brisa marina, serena y tibia, acariciaba la estructura de la casa del puerto, llenando cada rincón con el olor fresco del agua salada y los pinos de la ladera.En la gran terraza de madera que se adentraba hacia el acantilado, la mesa estaba servida para una cena íntima. Antonio y Mia se encontraban de pie junto a la barandilla, contemplando la inmensidad del océano.Antonio vestía un pantalón de tela oscura y una camisa blanca de lino holgada, con el cuello abierto y las mangas recogidas en los antebrazos. Su presencia, madura y sobria, transmitía una quietud monumental; las marcas del tiempo y las batallas libradas en la capital estaban presentes en su rostro, pero la dureza fría de antaño había sido reemplazada por una serenidad invencible.A su lado, Mia lucía un ve
Last Updated : 2026-09-29 Read more