Punto de vista de NoraSabía quién lo había enviado. Nadie más había visto el cuadro original tan de cerca. Nadie más sabía lo que significaba para mí.No lo quemé. En su lugar, lo guardé con cuidado. No porque me conmoviera, sino porque era un recordatorio: por muy perfecta que fuera la copia, nunca sería el original. Al igual que nosotros. Nunca podríamos volver atrás.Durante el año siguiente, los regalos no dejaron de llegar. Joyas, pinturas famosas, antigüedades, incluso una galería de arte entera. Cada uno valía una fortuna. Cada uno fue devuelto sin abrir. Los que no podía devolver, los quemaba. En los jardines, construí una hoguera con sus cartas. Las llamas lamían el cielo nocturno; una pira funeraria para la chica que solía ser.—¿Quemando el pasado otra vez? —preguntó Leo, rodeándome con sus brazos desde atrás.—No —dije, apoyándome en su abrazo—. Solo me pregunto cuándo se rendirá finalmente.—Tal vez nunca —susurró Leo, besando mi oreja—. Los hombres que se e
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