Unos días después, la mañana transcurría con una tranquilidad poco habitual. El monitor marcaba un ritmo constante, sin ninguna alteración que justificara preocupación. La luz del sol se filtraba entre las cortinas de la habitación, iluminando apenas el rostro de Daniel, dándole un color que llevaba semanas sin tener. Adele permanecía sentada junto a la cama, sosteniendo un libro que llevaba varios minutos sin leer, los ojos perdidos más allá de las páginas, en algún punto fijo del rostro de su nieto. Berenice acababa de entrar con dos cafés, el aroma llenando brevemente la habitación. —Abuela... deberías descansar un poco. Llevas horas aquí sentada sin moverte. Adele sonrió sin apartar la vista de Daniel. —Descansaré cuando abra los ojos. Berenice iba a responder algo, alguna broma suave para aligerar el ambiente, cuando un movimiento casi imperceptible llamó su atención. Frunció el ceño. —...¿Abuela? Adele levantó la vista de inmediato. Los dedos de Daniel acababan de move
Última atualização : 2026-09-07 Ler mais