Daniel caminaba sin ningún destino particularmente definido por las calles de piedra de esa ciudad que olía a madera húmeda y a lago y a algo que no tenía ningún nombre exacto pero que era completamente específico de ese lugar. Fue entonces cuando vio a Julián detenerse frente a uno de los locales antiguos que ocupaban la planta baja de los edificios de piedra a lo largo del sendero principal. El escaparate mostraba botellas de formas y colores distintos con esa abundancia tranquila de los establecimientos que no necesitan convencer a nadie de nada porque el producto habla por sí solo. Daniel observó a Julián entrar. Pensó en continuar caminando. Entró detrás de él. Lo encontró frente a una pequeña barra de degustación, sosteniendo un vaso diminuto entre los dedos con esa calma de quien está realizando una actividad completamente razonable en un horario completamente razonable. —¿Qué haces? Julián giró la cabeza hacia él. —Explorando las costumbres locales, señor. Daniel mir
Última actualización : 2026-10-22 Leer más