El doctor paseó su mirada afilada entre Daniela y Matías, con los ojos cargados de una mezcla confusa de emociones y un brillo evidente de chisme. Sin embargo, al final solo apretó los labios, guardándose sus pensamientos, y se retiró con paso pausado.Daniela, con el rostro pálido como el papel, miró a Matías mientras temblaba ligeramente. Por un segundo, una chispa de decepción cruzó sus ojos antes de que su voz se quebrara en un sollozo.—Matías, qué bueno que no fue nada grave. Camila se pasó de la raya, fue demasiado cruel. Si de verdad te hubiera dejado lisiado, ¿qué habríamos hecho?Matías le dio unas palmaditas en el hombro, fingiendo una calma que no sentía para consolarla.—Ya, tranquila. El doctor dijo que no es nada. Ya es tarde, vámonos a casa.En realidad, su mente gritaba por volver y ver si Camila ya estaba en la casa. El arrepentimiento lo carcomía; pensaba que, en cuanto la viera, tendría que explicarle todo con cuidado. Se dio cuenta de que su actitud esa noche hab
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