—Antes, ustedes eran amigos, casi hermanos.La mirada de Celina rozó a Héctor apenas un segundo y luego volvió a clavarse en Violeta. Su tono se volvió suave, correcto, con esa seguridad de pareja que no admite discusión.—Pero Héctor y yo ya estamos casados. Así que, en cierto modo, tú también eres mi amiga.Celina sonrió, dulce, impecable. Cada palabra sonaba medida y, al mismo tiempo, asfixiante.—Si una amiga rompe sin querer algo, ¿cómo crees que te voy a culpar?Le acomodó el pañuelo con calma, como si estuviera cuidando a una niña.—Así que no te lo tomes a mal. Yo también creo que no lo hiciste a propósito, ¿verdad?Ese "¿verdad?" salió bajito, casi cariñoso. Y, por eso mismo, más afilado.Violeta se quedó sin escapatoria.¿Admitir? Sería aceptar que fue intencional. ¿Negar? Entonces, ¿para qué lloró como si le hubieran matado a alguien querido?Solo pudo asentir rígida, con lágrimas colgándole de las pestañas, hecha la imagen perfecta de una víctima.Héctor, al lado, lo miró t
Read more