El día siguiente era el primero del Año Nuevo.En años anteriores, siempre era yo el primero en levantarme, con ganas de ayudar en los quehaceres de la casa.Pero ese año, el sol ya había salido y yo todavía no había despertado.Mi hermano también se sorprendió, y fue él quien tocó a mi puerta para preguntar con genuina preocupación:—¿Marquito? ¿Estás bien? ¿Te sientes mal?Al escuchar su voz, me incorporé de un salto.Tenía la espalda empapada de sudor.No era por las palabras de mi hermano, sino porque había tenido una pesadilla.En el sueño, me enredaba en un abrazo apasionado con Renata, y justo en el momento álgido, mi hermano había aparecido.Me costó un buen rato volver en mí; tenía la cara pálida.Al no escuchar respuesta desde adentro, mi hermano levantó la mano y volvió a tocar:—Marquito, ¿qué te pasa?Obligándome a traer los pensamientos de vuelta a la realidad, respiré hondo un par de veces y respondí:—N-nada, anoche me quedé jugando hasta tarde y hoy me quedé dormido...
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